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Min Kamp
16/03/2017 20:45 (-6 GTM)
En fin que iba leyendo por allí, en suplementos y revistas de la novela de Karl Ove Knausgaard: una novela autobiográfica, o como se dice ahora, de autoficción, de casi 4 mil páginas, divididas en 6 tomos.
Yo de Noruega, de los noruegos y de su literatura sabía dos cosas: que Noruega queda en casa de la…; que hace un frío del demonio; que tienen los mentados fiordos; que es uno de los países más prósperos e igualitarios del mundo. También sabía que su lengua, emparentada con el danés y el sueco, tenía varias variantes, pero dos dialectos estándar: el bokmaal y el nynorsk y la verdad poca cosa más. Ah, que también se habla la lengua sami, la de los lapones.
En mi familia política hay una mujer casada con un noruego, con el que he hablado no más de tres veces. Un día sobre las auroras boreales y otro sobre las larguísimas noches de invierno. En invierno la gente de los pueblos aislados se las arregla para no salir de casa, me contaba, pero los sábados se ponen sus trajes típicos y se reúnen en centros sociales, o en algo como centros parroquiales y charlan, beben cerveza y entonan canciones típicas. Como para morirse de aburrimiento.
Yo supongo que para un noruego medio lo mismo debe ser Guatemala, que Nicaragua, que México o Colombia, como para nosotros suele ser un poco de lo mismo hablar de los pueblos escandinavos y nos es imposible entender los matices y las diferencias entre un sueco, un danés y un finés. Estamos muy lejos unos de otros.
Sobre la literatura nórdica, tenía tiempo leyendo que son maestros en literatura negra, o sea en novelas de crimen e intriga. Esto es cosa rara en sociedades con criminalidad casi inexistente. Una extrañeza: si alguien sabe de crimen, asesinatos, conjuras, atentados, secuestros y esas cosas son nuestros pueblos, donde no existe una tradición sólida de literatura criminal.
Hace unos años saltó a la fama el sueco Stieg Larsson. Este tipo estaba escribiendo novelas en serie sobre no tengo idea qué. Larsson, lo he visto en fotos, era un gordinflón de gafas, que se murió a los 50 años, creo que de un infarto. A su muerte se editaron las tres novelas –de diez que pensaba escribir- que tenía terminadas. Nunca se enteró de su fama. Sus tres novelas se han traducido a decenas de lenguas y han sido éxito de ventas en medio centenar de países. Por allí leí el dato de que había vendido más de 80 millones de libros.
Hablo de la famosa saga de Millennium (Los hombres que no amaban a las mujeres que aquí salió como La chica del dragón tatuado; La chica que soñaba con un bidón de gasolina y un cerillo; y La chica que pateó un nido de avispas), que nunca me causó ningún interés. Yo para intrigas, tragedias y crímenes, ya tengo las que pasan aquí.
Conocía, por otra parte, algo de algunos autores fineses, sobre todo gracias a Arto Paasilinna, que es uno de los escritores más divertidos que conozco. Con él comencé con buen pie, sobre todo por el destornillante Delicioso suicidio en grupo, que me llevó a Prisioneros en el paraíso (donde hay hartos daneses, noruegos y suecos) y, no hace mucho, al más desgarrador El molinero aullador.
El asunto es que un día me decidí, seguramente por algunas cosas que decían los críticos. Mangel habló maravillas en alguna reseña de Babelia, aunque los más entusiastas fueron los críticos estadunidenses, especialmente los neoyorkinos. No recuerdo, ni interesa, quién dijo en el New Yorker o en el NYT que Knausgard es fascinante hasta cuando se pone denso, o algo así. La escritora británica Zadie Smith llegó más lejos y dijo necesitar el próximo libro de Karl Ove, como esperan los adictos su próxima dosis.
¿De qué trata este libro de un tipo noruego –contemporáneo mío-, que escribe un libro de 3 mil 600 páginas? Lo fascinante es que no trata de nada; o mejor dicho: trata de un tipo noruego que escribe un libro de 3 mil 600 páginas.
Antes de eso, hace pocos meses, ya me había emocionado la honestidad del libro de Carrere sobre Jesucristo, pero coincido con el que dijo que lo de Knausgaard era una “honestidad sanguinaria”.
Luego está lo de la polémica que les hablaba el día anterior. La familia paterna que intenta judicialmente, sin éxito, evitar que la obra salga a la luz; los reclamos públicos de su ex-mujer; incluso el ruego de su madre de que no publicara aquello. Pero de eso yo me enteré cuando me puse a indagar alrededor de la obra, ya cuando estaba embarcado en la lectura del segundo de los libros que leí.
¿Qué más hay dentro?
Un montón de dolor, pero un montón de vida. Yo lo recomendaría a todo aquel que pudiera sentarse seis meses a leerlo un promedio de dos horas diarias, que aquí son como veinte personas. Lo lamento. No en vano veo el dato de que de los cuatro libros editados en castellano, Knausgaard ha vendido apenas 5 mil en este país, que como sea es una barbaridad en este país donde un tiraje de más de 500 libros es ya una apuesta suicida.



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