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El deber llama (hay que hacernos locos)
29/02/2012 09:50 (-6 GTM)
Tengo en casa una condecoración. Es una vieja medalla, con una estrella de corazón rojo que compré, hace mucho, en un tendajón de la entonces Avenida Marx de Moscú. No sé si es por méritos de guerra, aunque me gusta suponer que sí, sobre todo para no agriarme porque me vieron la cara de turista. Es de una aleación barata, como suelen ser las medallas de guerra: un fulano pisa una mina, mientras busca escaparse de una lluvia de balas, mientras trata de rescatar a un compañero caído. Digamos, por decir, que el Estado Soviético le premió con esa medalla que es una baratija: la medalla de la Estrella Roja al mérito en batalla.
Otro asunto. Hace años, cuando la policía del Distrito Federal era de las más terroríficas del mundo, un joven agente se enfrenta a una banda de criminales; creo que fue en una estación del metro. Jugándose la vida, el agente repele a los delincuentes que le reciben a tiros. Su acción sirve para que luego los maleantes sean capturados. Los jefes de entonces de aquella policía corrompida, para tratar de premiar ese garbanzo de a libra -lo que demuestra que hasta en los peores estercoleros crecen flores-, le ofrecen una gratificación monetaria.
Yo supe de este caso por la televisión. El valiente uniformado, un joven humilde, trabajador y con hijos pequeños, rechaza el premio que evidentemente necesita. Le pregunta un periodista sobre los motivos de este rechazo y él dice estas palabras de oro: yo sólo estaba cumpliendo con mi deber, eso no tiene mérito... si me premian a mí, todo aquel que cumpla con sus obligaciones va a exigir gratificación.
Aquí, no hace mucho, se entregaba un premio en metálico a los agentes municipales que se destacaban en el cumplimiento de su deber. Aunque es poco recomendable, esta iniciativa se entendía a la luz de dos circunstancias: la miseria que ganan los policía en este país (y que los hace presa fácil de los corruptores), y a la necesidad de reconocer a los policías buenos, que son mayoría, en una época donde los elementos corruptos ensucian con su deslealtad la entrega de los muchos que sí cumplen con su deber.
El caso es que aquí todos estamos obligados a cumplir nuestras obligaciones, las que tenemos en la familia, en el trabajo y para con la sociedad. Cualquier esfuerzo adicional debe ser compensado sí, de acuerdo, pero resulta peligroso hacer creer a cualquiera, que el cumplimiento de nuestro deber es factor para que se nos premie, dando pie a la creación de un sistema basado en los palos y en las zanahorias y no en la atención individual y colectiva de las responsabilidades asumidas.
En muchos trabajos, incluído en el de escribidor, se escucha la queja frecuente de que cuando obramos de acuerdo a nuestro compromiso nadie nos anima o reconoce, cuando cualquier falla es inmediatamente señalada y censurada, cuando no castigada. En el caso de los que escribimos, la queja tiene que ver con que podemos escribir un libro impecable, sin que ello conlleve a ninguna felicitación, mientras que cualquier error es inmediatamente señalado como imperdonable.
Así son las cosas: es nuestro deber cumplir a cabalidad con nuestras tareas. En mi caso, para eso me pagan.
Pero hay castas novísimas que crecieron al amparo de la consciencia de que son algo así como la Divina Garza encarnada, que lo mismo reclaman 60 días de aguinaldo, que se oponen por sistema y con rabia gremial a que siquiera se les intente evaluar su rendimiento y el desempeño de sus deberes. La última de ellas, la de esos ciudadanos de primerísima categoría que se sacrifican para que tengamos la democracia que tenemos, lo que a mi entender hacen con verdadera negligencia.
Y es que resulta que los muy recompensados mandones del IFE y sus empleados, que son verdaderos privilegiados, se adelantarán dos meses de compensación por el hecho de que se les obligará a cumplir con su deber de organizar las elecciones federales de este año. Si les salen como las pasadas, o las antepasadas, los ciudadanos deberíamos reclamarles la devolución de esos recursos y hasta de la mitad de sus salarios. Eso por no hablar de lo escandaloso que es conocer el monto de lo que se llevan algunos en el IFE, sobre todo los faraones de su Consejo General.
Así que los pobrecitos van a cumplir su deber y se van a conceder el privilegio de cobrar dos meses extra y por adelantado.
Siendo así, a mí que me den cuatro meses y que no pase de mañana -que tengo que pagar un par de deudas-, pues si aquellos van cobrar por cumplir su obligación, yo no tengo ninguna de encender el radio y pasarme las horas escuchando sandeces, del IFE, los partidos y los candidatos; tampoco tengo ningún deber de saber que en unos días saldré a las calles a pegarme sustos de muerte viendo mi ciudad sucia de propaganda esperpéntica.
Así que ustedes dirán a dónde paso a recoger mi dinero.



Agustín Lascazas
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