¡Que viva la Segunda!
25/08/2009 13:41 (-6 GTM)
Por nuestro vicio ese del eudemismo en México llamamos Primera A a la segunda división del futbol mexicano. Justo en esa segunda división es donde está ahora el Necaxa y, me cuentan, allí se mueven como peces en el agua. Un amigo fue hace dos sábados al estadio a ver el juego de la oncena local contra la del Veracruz. Me llamó emocionado y me dijo:
-Por fin vi un juego del Necaxa sin bostezar.
Luego de escuchar con atención sus comentarios me puse a cavilar y concluí que no hay nada mejor en este mundo que estar en el lugar que a uno corresponde. En el caso del balompié está claro: los equipos de segunda división (o Primera A, si ustedes prefieren), no pueden competir con los de la categoría superior. Parece una verdad de Perogrullo pero no lo es y ahora resulta que los señores del futbol van a acabar teniendo la razón.
Luego se me ocurrió que esto de la primera y la segunda división debería generalizarse en otros órdenes de la vida actual. Para empezar debería haber países de primera, segunda y tercera división, como cuando había países del primer, segundo y tercer mundo, porque esa payasada de "países en vías de desarrollo" no convence a nadie, Por lo demás ya sabemos lo que les pasa a los que suelen andarse por las vías: llega el tren y los apachurra.
Para poner de ejemplo a este pobre país y de paso ejercer esa otra pasión nacional que es el masoquismo -ya eligieron a César Nava para dirigir al PAN y los priístas otras vez son los que mandan-, recordemos las cosas que suceden cada vez que nos da por sentirnos un país de primera división. Las pasamos canutas cuando la tontería esa de "administrar la abundancia" y las pasamos todavía peor cuando el salinato nos propuso dar el zarpazo, o sea el "gran salto hacia adelante" (adelante lo que había era un precipicio). Cada vez que alguno se le ocurre hablar de los avances y los logros que tienen en nuestro país en la puerta de entrada a la categoría máxima, viene algún amargado a recordarnos: la desigualdad, las masas de miserables, el narcotráfico, la violencia endémica, la falta de infraestructuras, la corrupción, las televisoras, la calidad mental de nuestros legisladores.... Acaban amargándonos la vida.
Total que nos cuesta admitirlo. Estamos en segunda división y en lugar de competir con los países de la OCDE en donde quedamos siempre últimos en todo, nos apuntamos a la Segunda A de los países y van a ver qué tundas les ponemos a los haitianos y a los senegaleses. Lo que vamos a ganar en autoestima.
Ya en la segunda categoría podremos presumir de incontables logros, en los que no faltarían las hazañas deportivas. Por ejemplo podríamos regresar de los Juegos Olímpicos con las alforjas llenas de medallas en una competición donde no estarían ni los gringos, ni los holandeses, ni los alemanes, sino los atletas de Kirguistán o de Bolivia, o de Eritrea. Podríamos hasta dar por buenos los triunfos del "Tri" ante Venezuela o Nicaragua, que también son países de la segunda de la FIFA.
Ya entrados en gastos se me ocurre hacer dos o más divisiones para las actividades de la tauromaquia. Esto lo digo luego de ver resúmenes de la prensa que hablan de corridas con figuras como Ponce, El Juli, Talavante, Manzanares hijo, Cayetano, Castellá, Perera y compañía, mientras recuerdo que hace días aquí en Jesús María unos señores toreros protagonizaron una orgía de orejas y rabos. Si algún torero se siente como el Rafa Márquez de la Fiesta, pues que le haga como Mario Aguilar y se vaya a los cosos de la máxima categoría.
Y no es que en el mundo las cosas no se midan ya por categorías. Por eso hay hoteles de cinco estrellas y clínicas de mala muerte, lo que pasa es que a falta de regulación la de timos que se dan cuando, por ejemplo, un cirujano plástico de segunda nos ofrece que nos va a dejar la cara como George Cloney y nos la deja como la de Resortes, o un gobernante nos ofrece un gobierno de primera y nos sale otro bandido bananero.
Claro que entre los escritores también los hay de primera, de segunda y hasta de quinta -estos últimos ofrecen consejos para ser positivos o para ganar nuestro primer millón de dólares-. A los de primera, ya se sabe, les hacen fiesta, los leen (o al menos compran sus libros), les dan premios que son a la par que prestigiosos, un jugoso botín en dólares o en euros y les piden autógrafos en los aeropuertos; los de segunda, que voy a decirles yo, andamos platicando la novela que no acabamos de escribir durante quince años y cuando al fin ponemos punto final no hay quien nos la publique. Luego la gente se nos queda viendo donde nos encuentra como si estuviéramos locos.
Agustín Lascazas