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Hoy es Jueves, 20 de Noviembre de 2008
TERROR EN LAS AULAS
"Educar para la paz y la promoción de la no violencia es un proceso a largo plazo y no una breve intervención, esta actividad genera simplemente reflexión, para acercarnos a un proceso continuo de cooperación y diálogo". Anónimo
18/11/2008 12:53 (-6 GTM)
¿Alguna vez, apreciable lector, has sido testigo de las palabras de un infante de nivel básico que de manera clara diga que no quiere ir a la escuela? Estoy seguro que sí y que no sólo ha sido una vez. ¿Estimado colega docente: le has manifestado a alguien o te has enterado de comentarios entre docentes de no querer dar la clase a determinado grupo por la sencilla razón de que dentro de él está uno o varios alumnos con los cuales convivir una o más sesiones es estresante y desgastante a la vez? También estoy seguro que sí y que han sido varias veces. ¿Respetable padre de familia: Alguna vez ha llegado tu hijo quejándose de la forma en cómo lo tratan sus compañeros del aula e incluso sus propios maestros, y que por esa razón no se siente con ganas de asistir al siguiente día a clases? Con seguridad afirmo que así es. Y es que todo lo anterior se da en cada aula de nuestro país y de nuestro mundo; escenas que no son exclusivas del escenario actual, sino que se comparten desde las primeras prácticas docentes de que se tenga memoria y que continúan, imaginándome que se seguirán dando mientras en el terreno educativo no sentemos un precedente sobre la manera en que debe establecerse un ambiente de aula que optimice el rendimiento intelectual y emocional de nuestros educandos, ambiente libre de violencia de cualquier tipo, cuestión que se daría únicamente estudiando y llevando a la práctica estrategias novedosas que nos lleven a generar resultados exitosos en el salón de clases. Ante lo anterior se vuelve imperiosa la necesidad de que el profesorado trabaje en correlación con los múltiples problemas sociales que tienen lugar dentro de las aulas en las diferentes instituciones educativas. Profesores tensos, nerviosos, prepotentes, malhumorados, sin conocimientos de estrategias para hacerle frente a conflictos de índole pedagógico, emocional e interpersonal que se suscitan dentro del aula; alumnos tensos, abusivos, bravucones, con ansias de demostrar que tienen más influencia en los demás, alumnos con ansias de hacerse notar, alumnos carentes de valores que demuestran en gran parte lo que viven, lo que ven. Aspectos como los anteriormente mencionados desencadenan en cualquier momento violencia, problema tan vivido en la actualidad, y que se ha vuelto tan común en la sociedad. La violencia (Ortega, R.) es un fenómeno de intimidación, acoso, exclusión social, maltrato físico o psicológico que realiza una persona, grupo o institución contra otra u otras, imponiendo un abusivo juego de poderes que deja a la(s) víctima(s) en situación de desequilibrio, impotencia o marginalidad. Es un trato desigual que atenta contra los derechos de quienes sufren la violencia y que denigra a los que la ejercen. Este fenómeno daña física, psicológica y moralmente a quienes se ven envueltos en él: a las víctimas, que ven disminuidos sus derechos como seres humanos; a los agresores, que pervierten las leyes naturales de justicia y la igualdad; y a los espectadores que no intentan detener la situación, porque igualmente los convierte en cínicos consentidores. Para nadie es novedad que en las escuelas se producen de manera constante y reiterada comportamientos violentos. El aula, los patios de recreo, las escaleras, los pasillos, los sanitarios, los alrededores de la misma escuela, son, con una frecuencia cotidiana e indeseable, escenario habitual de episodios violentos en los que como se ha venido mencionando hay agresores, víctimas y testigos que en alguna medida, a veces muy intensa, quedan marcados por ellos con el consiguiente deterioro de su desarrollo personal y social. Y si lo vemos y no actuamos somos cómplices de la infamia, socios de lo grotesco. Es por ello que ni un solo acto de violencia en la escuela debe ser admisible. Ningún alumno debe sufrir maltrato alguno ni por parte de sus compañeros ni por parte de sus profesores. Y el logro de un objetivo tan elemental y quizás tan utópico como éste exige el permanente esfuerzo de quienes de cualquier modo participan en el proceso educativo y especialmente de aquellos que lo sostienen, lo supervisan y lo aplican. Derivado de una serie de encuestas aplicadas a nivel secundaria dentro de nuestro estado, los alumnos expusieron las siguientes: el insulto, las exclusiones, el ser bautizados con apodos, el que les escondan sus cosas, el ser ignorados, las amenazas, los castigos de los profes, los golpes. Mientras que los docentes exponían: la no obediencia, los insultos, los gritos, el ser bautizados con motes, la apatía y el enfado hacia su persona más que a la clase, entre los más comunes. Y es que en nuestro entorno la mayoría de los docentes no abusamos del poder disciplinar que la profesión furtivamente nos da, pero desafortunadamente, muchos manifestamos hasta qué punto la represión o el castigo que se impone a los alumnos dentro del aula se relaciona con el necesario control de la conducta para el buen funcionamiento de la convivencia. Hasta hace poco tiempo para el docente, el hecho de acabar con la violencia e indisciplina dentro del aula se daba al momento de expulsar de ella al alumno agresor, irresponsable, sonsacador, flojo, cuestión por demás común dentro del contexto educativo pero inoperante pedagógicamente a todas luces. Se necesita de verdad un plan estratégico que nos permita erradicar de una vez por todas cada uno de los factores que al final de cuentas desembocan en situaciones que incitan o generan la violencia y que perjudican de grave manera, tanto al acto educativo como a los sujetos que la viven. Al momento en México las consecuencias derivadas de las malas acciones dentro de un aula son comúnmente las siguientes: expulsión de la escuela, expulsión del aula, llamadas de atención verbales y escritas, la intervención de una instancia superior, comunicados y llamados a los padres de familia, privación de derechos escolares, castigos físicos, agresiones verbales y/o humillaciones, tareas académicas adicionales y la restitución de los daños. Lo anterior bien sabemos a la fecha no ha dado los resultados que se necesitan para erradicar los malos momentos que se viven en el aula, en la escuela, veamos pues por el futuro de la educación y por el futuro de la formación de hombres y mujeres de bien a través de brindarles una formación integral en un ambiente propicio para enganchar a nuestros educandos a la pasión por aprender. Quiero imaginar que en cada escuela son bienvenidas tus propuestas para lograr el cambio que nuestras aulas y escuelas necesitan.
Y como siempre habrá otro Martes por venir y otros AMBIENTES qué atestiguar.
cristyan.sandoval@itesm.com



Cristyan Sandoval
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javier aguilar
20/11/2008 15:48:19

La violencia en la escuela es un asunto qu cada vez está generando mayores problemas a todos quienes estamos involucrados en la educación. Una de las estrategias que se hace ya necesaria antes de que existan mayores desgracias, sería la de un diálogo permanente,serio y comprometido entre padres de familia, maestros y autorides educativas, del cual surja un acuerdo que nos permita unificar criterios y llevar a la práctica acciones conjuntas para resolver el problema. lamentablemnete esa unión hoy no existe por que esos actores se ven como enemig
CLAUDIA MACÌAS
19/11/2008 15:29:44

Creo que en una escuela se debe de comenzar por tener ciertas normas dentro del aula y por supuesto de toda la escuela, las cuales pueden los mismos niños hacer los reglamentos, por que ellos saben lo que deben y no hacer. Dentro del salòn debemos poner tècnicas donde los niños convivan armònicamente y concientizarlos sobre la responsabilidad de sus actos que debemos actuar siempre y cuando no afectemos a los demàs.
Lamentablemente existe violencia dentro del aula y donde se observa màs es a la hora del recreo, aunque pues se piensan en difer
Patty Cázares
18/11/2008 18:16:07

Como docente creo, que el mantener la atención en nuestro grupo se da gracias a las aplicación de normas y reglas (flexibles) dentro del aula las cuales permitan desarrollar un ambiente favorecedor para evitar todo lo mencionado en el artículo, si bien también considero que esto es un trabajo colaborativo de padres de familia y maestros, apoyando en toda situación a la educación de sus hijos y no dejando la responsabilidad a la escuela. La motivación por la escuela es lago que debemos de evitar, tamto padres, maestros y alumnos.
José Javier Dominguez Medina
18/11/2008 18:04:29

La violencia en la escuela es prevalente, pero, la disciplina escolar debe conocer la frecuencia de la violencia para combatirla. Es decir, los casos de violencia o abuso deben ser reportados por las escuelas de manera obligatoria a la autoridad. Y posiblemente, los reportes recaeran sobre los mismos sujetos, tanto alumnos, como maestros y personal adminsitrativo. Ya con ese conocimiento, la aplicación de las sanciones debera proceder. Pero en este proceso, siempre existen justificaciones, falta de reportes, inmunidad para los agresores y pocos
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