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De política y cosas peores
06/03/2012 09:17 (-6 GTM)
«El sexo con mi esposa es aburrido». Eso le dijo cierto amigo a Afrodisio Pitongo, hombre diestro en cuestiones de carnalidad y de fornicio. Respondió el sabidor: «La rutina es el peor enemigo del amor, y también de la docencia. Circunscribámonos al amor por el momento; ya abordaremos el segundo tema cuando llegue la ocasión. Para evitar que en tu matrimonio el sexo se vuelva rutinario debes introducir en tu práctica amorosa un elemento nuevo. Por ejemplo, la coprolalia». «¿Qué jodidos es eso?» -preguntó el amigo sin darse cuenta de que estaba incurriendo en coprolalia. «Es usar palabras malsonantes -le explicó Afrodisio-. Pídele a tu mujer que al realizar el acto te diga maldiciones. Eso constituirá un estímulo sexual interesante». «No me parece mala idea -ponderó el amigo-. Le pediré solamente que no me diga `cabrón’, pues si me dice esa palabra me quedaré dormido». «¿Por qué?» -se sorprendió Pitongo. Explicó el otro: «Cuando era yo niño de brazos mi mamá me decía siempre: `Duérmase, cabrón’, y me quedó un reflejo pavloviano». «Rica es nuestra lengua en términos altísonos -declaró Afrodisio-, de modo que no será problema hacer una excepción con ese término». Esa misma noche el tipo le pidió a su mujer: «Quiero que cuando hagamos el amor me digas palabras malas». Exclamó ella con molestia: «¡Vete a la chingada!». «No tan malas» -se apresuró a decir el individuo... «Araña: ¿quién te arañó? Otra araña como yo». Así dice un viejo refrán olvidado casi ya. Ese dicho sirve para manifestar que con frecuencia quien más daño te causa es aquél que es como tú: un pariente, un colega, un compañero, un amigo. Ejemplo de esto es el duro revés que le asestaron a López Obrador sus correligionarios perredistas. Hicieron a un lado las propuestas que presentó para candidaturas plurinominales, y con eso mostraron que AMLO no tiene ningún control sobre el PRD, uno de los partidos que lo postulan. Ya podrá el tabasqueño recurrir a todas las explicaciones para minimizar el desaire que sufrió, pero lo cierto es que lo sucedido lo hace ver muy mal. En otro contexto, igual daño está recibiendo Josefina Vázquez Mota de su partido, el PAN. El hecho de que la dirigencia haya incluido a alguien como Fernando Larrazabal en la lista de los premiados con una diputación plurinominal da idea de corrupción de los principios que en otro tiempo caracterizaron al partido blanquiazul, y que han sido claramente abandonados en aras de un burdo pragmatismo. Extraña paradoja: la candidata panista tendrá que mantenerse a distancia del PAN si no quiere que disminuyan sus posibilidades de alcanzar la Presidencia. El comportamiento del PRD y el PAN con sus respectivos candidatos contrasta con la solidez que muestra el PRI en su apoyo a Peña Nieto. Si la organización y la disciplina son factores importantes para ganar una elección, no cabe duda de que en ese rubro el mexiquense lleva la delantera... Billy Highbuttocks, vaquero del Salvaje Oeste, cabalgaba por la inmensidad de la llanura cuando vio que una banda de indios estaba atacando una carreta. Se lanzó hacia los pieles rojas y los dispersó con los certeros disparos de su Winchester 73. En la carreta viajaba únicamente una anciana de aspecto misterioso. «Me has salvado la vida -le agradeció a Billy-. Quiero que sepas que profeso la antigua ciencia de la brujería. Pídeme tres deseos, y te los concederé». Pensó Highbuttocks que la anciana se burlaba de él, pero dijo para sus adentros: «¡Qué chingaos!» (¡Uta, otra vez la coprolalia!). Luego se enderezó en su caballo y le pidió: «Quiero ser rico, guapo, y tener mi parte genital como la del animal que monto». «Concedido -dijo la mujer-. Cuando llegues a tu cabaña en la pradera (Home on the range) verás que tus tres deseos están cumplidos ya». Volvió Billy a su cabaña en la pradera (Home on the range, como queda dicho), y al abrir la puerta vio que su cuarto estaba lleno de pacas de billetes de 100 dólares, grandes montones de monedas de oro e incontables lingotes del mismo precioso metal. Se vio luego al espejo y se encontró convertido en un galán. Por último se revisó la entrepierna. Exclamó entonces: «¡Santo Cielo! ¡Se me olvidó que iba en la yegua!»... FIN.



Catón
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Increíble robo de una vaca