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De política y cosas peores
27/02/2012 09:56 (-6 GTM)
El ratoncito africano seguía acostado en su camita, pese que eran ya las 2 de la tarde. Un amigo suyo le preguntó por qué no se había levantado todavía. Contesta con fatigada voz el ratoncito: «Anoche le hice el amor a una jirafa. Y entre: ’Dame un besito’ y: ’Síguele’ debo haber caminado más de 30 kilómetros»... Doña Jodoncia y su esposo don Martiriano discutían acerca de cuál era la capital de Yugoslavia. Don Martiriano se atrevió a decir que era Belgrado, en tanto que doña Jodoncia sostenía con firmeza que era Bucarest. A fin de resolver la cuestión la fiera señora tomó el teléfono y llamó a la biblioteca pública. «¿Cuál es la capital de Yugoslavia?» -preguntó. «Belgrado» -le contestaron. «¿Lo ves? -le informa doña Jodoncia a su marido-. Tenía yo razón: es Bucarest»... Al principiar la noche de bodas la desencantada novia le dice a su flamante esposo: «Es cierto, Meñico: te dije que me gustaban las pequeñas cosas de la vida. Pero no me refería a éstas»... Escribió Alejandro Dumas padre: «El matrimonio es una carga tan pesada que se necesitan dos para llevarla. Y a veces tres». Hay quienes consideran que la elección presidencial de julio será entre dos candidatos solamente, pues los otros dos estarán muy abajo en la preferencia de los electores. Eso piensan algunos analistas, numerosos politólogos y no pocos líderes de opinión. Yo, que no soy ni una cosa ni la otra ni la otra, creo que al final de la campaña electoral llegarán tres candidatos, vale decir Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador -los cito por orden de antigüedad de sus partidos-, y que llegarán muy parejos, de modo que la elección será reñida. Me parece, entonces, que tanto la candidata panista como el Presidente Calderón no andan muy acertados cuando insisten en negar importancia a la candidatura de AMLO. A muchas personas he oído decir que votarán por él. Es un candidato fuerte, y juzgo que irá avanzando conforme avance el proceso electoral. No se dará entre dos, repito, el final de esta carrera: será cosa de tres. Desde luego esto puede cambiar. A lo mejor al paso de los días las circunstancias me harán pensar otra cosa. Hay quienes para evitar ser tildados de tozudos dicen que no están casados con sus ideas. Yo sí estoy casado con las mías. Puedo, por tanto, divorciarme de ellas... La cuenta fue de 300 pesos, pero aquel tipo dejó de propina tres monedas de un peso. Sin hacer mala cara, muy tranquila, le dice la mesera: «¿Sabe qué, señor? La propina que deja un cliente me permite adivinar muchas cosas acerca de él». «¿Ah sí? -se amosca el individuo-. ¿Qué ha adivinado acerca de mí?». «Bastante -responde la muchacha-. Esta primera moneda de un peso me dice que es usted muy cuidadoso de su dinero». «En efecto» -masculla el sujeto. «Esta segunda moneda -prosigue la mesera- me dice que es usted soltero». «Es cierto» -reconoce, admirado, el cutre. «Y esta tercera moneda -concluye la muchacha- me dice que su papá es soltero también»... Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le contó a un amigo: «Me dijo el doctor que si no renuncio a la mujer voy a perder la vida». «¿Eso te dijo?» -se alarmó el amigo. «Sí -confirma Afrodisio con sombrío acento-. Se refería a su mujer»... Dos amigos iban cada año a la cacería del alce, y nunca habían podido cazar uno. «Se me ocurre una idea -le dijo uno de los cazadores al otro-. Nos pondremos un disfraz de alce. Yo iré adelante e imitaré con un cuerno la llamada de la hembra de alce en celo. Tú estarás atrás con tu rifle. En el momento en que llegue el alce saldrás del disfraz y cobrarás la pieza». Así lo hicieron, en efecto. Se consiguieron un disfraz de alce; se metieron en él, y el cazador que estaba adelante tocó el cuerno. No transcurrió ni un minuto cuando apareció un enorme alce de imponente alzada. «¡Vamos! -urgió a su compañero el que había hecho el llamado-. ¡Sal y dispara!». Respondió con angustiada voz el que estaba en la parte trasera: «¡No puedo salir del disfraz! ¡El zipper se atoró! ¿Qué hacemos?». Contesta el otro: «Yo me haré el desentendido. Y tú coopera, no sea que el alce se enoje»... FIN.


Catón
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